ESMERALDA

"La aventura de las luces azules" es la continuación de " Europa barroca ", a la que pertenece la foca que está en una placa de hielo. Había pensado que a lo mejor también os divertía leer esta disqusición del astronauta perdido en la órbita solar, que no todo van a ser cachalotes.


... y, hablando de chavalas, ya que estamos en ello, yo tuve una novia que se llamaba Esmeralda, ¿no lo sabían ustedes?, es posible que aún no lo haya dicho. ¿Dónde estarás ahora, Esmeralda, y qué estarás haciendo? Nada bueno, seguro, esto lo sé de muy buena tinta, hay cosas que uno no puede olvidar, tú saliste así, ya sé que no fue por tu causa, que a todos nos traen sin pedirnos permiso, pero...

Esmeralda

Esmeralda, a los diecisiete años, o sea, en la adolescencia, que es cuando hay que tenerlos, no tuvo tiempo para novios, estuvo muy ocupada matando toda clase de seres vivos, hormigas, arañas, gallinas, perros, vacas, burros que cruzaban la carretera, hombres y mujeres, a todos los que pudo los mató, a la mayoría con su fusil ametrallador, a los pequeños con la uña o con el dedo o con la suela de su bota. Esmeralda, cuando era pequeña, cuando tenía que haber estado vociferando y revolcándose como hacen los jóvenes, unos por puro placer, otros en los estadios deportivos viendo jugar a sus equipos preferidos y otros porque les da la histeria, eso que a tan temprana edad es irreprimible, no se puede parar, no hay forma de pararlo, vivió en la selva, en cualquier selva, no voy a decir en cual porque podría haber sido en cualquiera, debió ser en Brasil, o en Filipinas, o en África Ecuatorial, bueno, en África no porque ella no era negra, era blanca tirando a cobriza, era como de la parte del trópico de Capricornio, para que se me entienda, y nunca tuvo tiempo para novios, se contentaba con hacer lo que todos sabemos, decía, y si me quedo preñada, ¿qué?, ¿quién luchará por mi pueblo?, ¿quién luchará por la causa de la libertad? Esmeralda se tenía la lección tan bien aprendida que ignoraba a los de su batallón y utilizaba métodos alternativos, se pasó la mejor época de su vida sin catar las mieles del triunfo; lo que son las cosas.

Un día llegó un periodista a hacer un reportaje sobre los entresijos de la guerrilla, uno de esos periodistas suicidas que van a hacer entrevistas al corazón de las cosas, al mismo corazón de las cosas turbulentas, el periodista era alemán, era rubio y alto, muy espabilado no debía de ser porque picó el anzuelo, eso pasa siempre, los guapos suelen ser un poco tontos, pero los dos se enamoraron y se jugaron la vida en la peligrosa ruleta de la traición; si les llegan a coger de aquello no se hubiera enterado nadie. Esmeralda estaba en la guerrilla cuando llegó el alemán, y como sabía inglés, y el periodista también, se la pusieron de traductora, si ves que hace una tontería, tirofijo. Ellos estuvieron una semana dando vueltas por los campamentos. El primer día que durmieron en la selva, los dos solos, el periodista le dijo, tú y yo podríamos hacer maravillas, esta es una forma de empezar como otra cualquiera, cuando tienes al lado una chavala de diecisiete años tienes que empezar de alguna manera, aunque tenga una ametralladora, eso está claro; otros dicen, se me ocurre una idea, cuál, quítate la ropa, ésta tampoco está mal. Bueno, pues Esmeralda se olvidó de pronto de la guerrilla y de todas sus anteriores consideraciones, incluso de las serpientes venenosas y de las tarántulas que podía haber habido en el suelo, le cogió la palabra al vuelo, vamos, que no le dejó ni pensar, se le montó encima y allí fue todo lo que no había sido cuando debiera, allí mismo se tomó el desquite de tantos años de abstinencia, una vez tras otra hasta que amaneció; además el alemán se había bañado aquella tarde en un río por el que pasaron y eso también ayuda. En la selva húmeda habitan los pájaros cantores, y en el corazón de todos nosotros hay un nido de serpientes de cascabel; cuando la vida, sin pedir permiso a nadie, destapa la fuente de las pasiones, la mayor de las catástrofes amenaza con producirse.

Total, que cuando por la mañana llegaron al campamento al que iban, que estaba camuflado en la punta de un cerro, Esmeralda debía de ir desencajada, debía de llevar unas ojeras como de haberse pasado diez noches sin dormir, se lo notó todo el mundo, sus conocidas en la guerrilla le decían, chiquilla, ¡vaya estreno!, ¿qué te ha pasado?, y le guiñaban el ojo sin perder el paso de la formación, y luego, en seguida, fue cuando se escapó. Como había empezado a descubrir mundos nuevos, mundos inexplorados, no iba a cejar en su empeño. ¿Para qué, si no, tenemos la fuente de los deseos, esa fuente que está por encima, incluso, de la causa de la libertad? Esmeralda, aunque ella no lo sabía, echó una moneda al aire y salió cara. Demasiados años con la cruz a cuestas es lo que tiene. En cuanto empezó a percibir en su carne los demoledores efectos de los apetitos desordenados, sí, los delirios de la concupiscencia, tomó partido.

Cuando se piró con el alemán se fueron a Europa, y allí resultó que el alemán tenía un amigo con el que también se enrolló. Al principio de uno en uno, pero luego con los dos al tiempo. Ella me dijo que eso es una maravilla, un hombre solo no suele servir para nada, es mucho mejor tener dos a tus pies; a tus pies o en donde sea, bueno. Mientras uno te sodomiza el otro puede hacer cantidad de cosas, esto ya va en mentalidades, depende del grado de fantasía de cada cual. También está bien que te aten boca abajo a la cabecera de la cama y con una regla de plástico te pongan el culo más rojo que un tomate; con un periódico enrollado no pica tanto, aunque también está bien; además, luego no te tienes que dar crema en las nalgas. Como el alemán era periodista, le gustaba más lo del periódico; deformación profesional, se le podría llamar a eso.

A Esmeralda la conocí porque, y esto ya lo he dicho, los astronautas, los que hemos montado en esas naves que se elevan por encima de la estratosfera y aún más allá, cuando no estamos cabalgando en el reino de los astros siderales somos personajes bastante públicos, no tanto como las estrellas del show business, claro, o algunos miembros de las instituciones eclesiáticas, pero nos llevan y nos traen, nos hacen la agenda, la agenda nos llega impuesta desde las más altas instancias, hoy estamos aquí y mañana Dios dirá, lo que no es muy envidiable, pero como pagan bien la mayoría tragamos, y una tarde que estaba yo en Alemania, o en Holanda, la verdad es que ni me acuerdo, pero era en uno de esos países centroeuropeos, tuve que ir, ya digo que obligado, a un programa de televisión en donde una serie de personas me preguntaban cosas. Como yo no sé alemán, ni holandés, recuerdo que tenía un traductor simultáneo que se expresaba en un inglés macarrónico, a lo mejor era en Bélgica, no lo sé, y allí, enfrente, entre el público que me preguntaba insustancialidades, estaba ella, esto no se me olvidará, por entonces debía tener veintiuno o veintidós años, y no sé muy bien por qué la habían elegido a ella porque no tenía ni idea de Astronomía, ni siquiera de la recreativa, imagino que porque estaba muy buena y eso siempre queda bien en la 3D; luego, con el tiempo, me contó que la campaña con la que más dinero había ganado era con una de ropa interior. Bueno, pues cuando acabamos de representar el numerito que se hacía delante de las cámaras, yo me hice el remolón, esperé a que saliera, y cuando salió le propuse ir a tomar un helado. En realidad no era verano ni mucho menos, la verdad es que no tengo ni idea de en qué estación del año sucedió aquello, pero dio igual porque me dijo que sí, que bueno, que la llevara, y estuvimos toda la tarde buscando una heladería por aquella ciudad en donde hablaban un idioma incomprensible. Ya a última hora la encontramos, pero estaba cerrada, en aquel país cerraban todos los establecimientos comerciales a las cinco de la tarde, las heladerías también, de forma que acabamos en un restaurante chino que había en un área de descanso de una autopista mirándonos a los ojos, comimos sólo postres, nos comimos un montón de helados, y luego la dejé en su casa y me fui al hotel porque a la mañana siguiente cogía el transbordador, no el transbordador espacial, no se me entienda mal, el transbordador espacial entonces ya no se usaba, hacía tiempo que había dejado de usarse, sino uno que pasaba un estrecho y te llevaba a otro país, a lo mejor era Suecia, o Dinamarca –los suecos fueron muy peleones en el barroco, Federico II les tuvo que poner firmes más de una vez–, en donde dos días después tenía que dar otra charla televisiva a los indocumentados de costumbre.


(continuará)